Con 18.500 personas y más guiris que en anteriores ediciones (el bono se vendió en Inglaterra a 46 euros, cuando aquí costaba 136 euros) arrancó el jueves la cuarta edición del que ya se puede decir que es el festival más importante de todo el norte de nuestro país: el Bilbao BBK Live.
Un cartel tocado por la crisis en el que puede que este año brillaran menos estrellas, pero entre los 25 conciertos que han tenido lugar durante los tres días que ha durado el festival era prácticame imposible no sentirse atraído por ninguno. Eso sí, había uno que eclipsaba a todos los demás, el del Tour Of The Universe de Depeche Mode. Impresionante, de 10.

Son demasiados años, demasiados discos y demasiadas giras mastodónticas por todo el planeta como para saber perfectamente lo que el público necesita. Ya nos lo dijeron hace mucho tiempo, lo suyo es Music For The Masses y hoy podemos hablar de ellos como los grandes culpables de que la música electrónica se saltara un buen día todas las barreras y géneros llegando a un público con los gustos más dispares. Son demasiadas las canciones que al oírlas en directo no puedes evitar que se te ponga la carne de gallina.

El trío de ases formado por Martin Gore (con traje completamente plateado), Dave Grahan (con su emblemático chaleco negro) y Andrew Fletcher (siempre a la sombra), apoyados por Christian Eigner (batería) y Peter Gordeno (sintetizados), demostró el jueves sobre el escenario que aún se encuentra en perfecta forma. Se nota que están en el inicio de la gira, ya veremos como termina. De momento a las recientes cancelaciones debidas a la extirpación de un tumor a David Grahan, se suman las de Sevilla y Oporto por una lesión muscular que sufrió en el concierto de Bilbao, aunque los asistentes ni nos enteramos. Parece que este no está siendo el año de Grahan, quien, por cierto, en más de una ocasión me recordó a Bono e incluso el grupo a U2.

Impresionantes también los visuales que acompañaron cada una de las canciones en los que Anton Corbijn demostró que sigue siendo el amo a la hora de poner imágenes a la música. Cuervos negros, helicópteros y revueltas sociales del pasado (’Peace‘) siluetas de mujeres sexys bailando con los brazos en cruz ((’Personal Jesus‘), los tres miembros de Depeche Mode convertidos en astronautas (’Enjoy The Silence‘), una carta mecanografiada en directo (’Precious‘) o el mismo rostro representado en la infancia y en la vejez simbolizando el paso del tiempo, con el que arrancaron. Sí, ha pasado mucho tiempo, pero creo que hoy en día este es el espectáculo más grande que podemos ver, haciendo honor a su nombre, en todo el universo.
Comenzaron su concierto con los tres primeros temas de su último disco Sounds Of The Universe, que en directo suenan ya a clásicos, sobre todo su primer single ‘Wrong‘, y la primera que recuperaron de su pasado fue una de mis favoritas ‘Walking On My Shoes‘. – “¿Ya?”, me soltó una amiga. “No te preocupes que tienen canciones para dar y tomar”. Podrían estar horas y horas y siempre echaríamos en falta alguna canción, en Bilbao no llegaron a las dos horas, reducieron su setlist con respecto al concierto que ofrecieron en Valladolid, pero al menos a mí (a pesar de lo comprimido) me pareció perfecto.

El público, lógicamente, celebró cada una de sus canciones más conocidas (jamás olvidaré ese ‘Personal Jesus‘ con el que se despidieron y esa guitarra tan country homenajeando al gran Johnny Cash) y tras el concierto no había una opinión generalizada, dando la sensación que cada uno había asistido a un concierto diferente. Yo he de reconocer que llevaba muchos años esperando poder verles en directo, pero al fin ha llegado ese momento y no me han defraudado. Han pasado cuatro días y aún no he conseguido bajarme de esa nube en la que sólo me apetece escuchar Depeche Mode. No os lo perdáis si tenéis la oportunidad.

Aunque mi intención era haber subido a Kobetamendi a primera hora de la tarde para ver a Vestusta Morla, al final, un imprevisto tras otro hicieron que no cruzara la puerta del festival hasta el momento en el que The Ting Tings se despedían con su mayor éxito ‘That’s Not My Name‘ que me dio la sensación que sonaba con bastante menos fuerza en directo, aunque el público lo bailaba igual.
Editors
Así que el primer concierto que pude ver íntegro (y ya en el escenario principal) fue el de Editors, que, aunque correcto, me resultó bastante monótono, llegando casi a aburrirme.
Nos adelantaron alguno de los temas que aparecerán en su próximo y tercer disco In This Light and On This Evening, como ‘Bricks And Mortar‘ y ‘Eat Raw Meat‘ en los que parece que los sintetizadores van ganando protagonismo. Pero lo que prácticamente todos estábamos esperando es que los cuatro de Birmingham (completamente de negro) atacaran a The Back Room, aquel primer disco con el que se dieron a conocer del que recuperaron temas como ‘Bullets‘, ‘Camera‘ o ‘Fingers in the Factories‘. Y bueno, tampoco fue para tanto. Sin sonar mal ¿a estos no les ha faltado siempre un poco de personalidad?
Basement Jaxx

Los encargados de poner fin a la fiesta por hoy eran Simon Ratcliffe y Felix Buxton a los mandos de ese buque house que es Basement Jaxx y que esta vez naufragó. No voy a decir que me decepcionaran porque tampoco me esperaba nada de ellos, pero al menos estaba convencido de que iba a terminar bailando y no me hicieron mover ni un pie.
Un montón de cantantes fueron apareciendo por el escenario para interpretar cada uno de los temas, como hacen Massive Attack sólo que bastante peor, en el que dos vocalistas enormes (en cuanto a volumen, no a calidad) ocupaban el protagonismo principal de este absurdo carnaval que se montaron, en el que ni ‘Bingo Bango‘ se lució.