
No es la primera vez que lo demuestra el bueno de Andrés, ni será la última. Porque a una obra de arte se le puede poner un título llamativo, esculpirla con el mejor material, decorarla con los mejores ornamentos y exhibirla en el museo más famoso sobre la faz de la tierra. Pero si el artista no está inspirado, la obra no se crea. Y la verdadera musa del Barcelona se llama Andrés Iniesta. El hijo pródigo de Fuentealbilla (Albacete) hace bailar al Barça a un ritmo armónico donde los haya. Él marca en qué clave comienza la partitura azulgrana.
Anoche se dejó ver más que en otras ocasiones, aunque siempre esté ahí. Quizás porque fue el autor del primer gol a los dos minutos de juego, despejando cualquier intención de borrasca en Can Barça tras la épica victoria madridista ante el Getafe. Desde la salida de vestuarios agarró fuerte su pincel para pintar una de las noches más mágicas de Barcelona esta temporada. Iniesta se encargó de fotografiar a su equipo con un excelente contrapicado, elevando aún más su categoría. El Sevilla, al lado de este rodillo azulgrana, pareció un equipo de Tercera.
“El balón de Oro“, pedía para el manchego su compañero Samuel Eto’o al final del partido. De este metal precioso era en lo que convertía el cuero Iniesta cada vez que lo tocaba: su pared con Xavi acabó con el gol del pichichi camerunés; le concedió la oportunidad al de Terrassa para romper las telarañas desde la frontal, y de sus botas salió el pase para que Henry cerrara la cuenta goleadora. Que alguien le envíe el repertorio a France Football en DVD, por si las moscas.
El Barça quiere esta Liga, eso está muy claro. La Operación Triplete sigue en pie, pero el trofeo más ansiado por el club y la afición es éste. El Camp Nou ya le ha concedido el perdón, aún sin saberlo, a un Barça que tiene el “permiso” de caer en la Champions League. No para la Liga, la Liga no se le puede escapar a este equipo. Aún y así, auguro que el Chelsea no lo tendrá nada fácil para romper con la melodía de este Barça. Más aún si su musa está inspirada. Grande Iniesta.