
A España se le vio el plumero en la Copa Confederaciones. Como se le vió al Barça cuando su mago de Fuentealbilla no pudo vestirse de corto durante unos partidos; y las mismas sensaciones que se tuvieron en El Madrigal con la baja del mediocentro hispano-brasileño. Senna e Iniesta han sido los grandes ausentes de participación de España en Suráfrica, una previa al Mundial donde la campeona de Europa ha pasado con más pena que gloria.
A Xabi Alonso todavía le queda mucho para llegar a convertirse en el mediocentro perfecto de esta selección, como se erigió Marcos Senna en la pasada Eurocopa. El donostiarra corre y pelea, pero todavía comete errores que ponen en aprietos a su equipo. Su pase en largo es excelente, pero quizás lo exprime excesivamente, cuando España está más acostumbrada al toque en corto y movimiento rápido del balón de un lado hacia otro.
Y buena parte de ese éxito y ese juego que enamoró a medio mundo hace un año, es gracias a Iniesta. El manchego se ha perdido la Confederaciones, y a partir de hoy a Del Bosque le toca rezar para que el de Fuentealbilla llegue como una rosa a la cita mundialista. Allí se le va a necesitar, porque ni Riera (con mucha intención, pero demasiado precipitado) ni Cazorla (poco acertado) han podido hacer olvidar al genio azulgrana.