
La operación lavada de imagen comenzó a hacerse temprano. Nada más terminar el choque Pepe ya salía pidiendo perdón con cara de cordero degollado, periodistas de todas las cadenas nos contaban que no tenía antecedentes y el Diario Marca nos brindaba una enternecedora entrevista con portada incluida en la que el pobre Pepe, el mismo que intentó volarle la cabeza a Casquer, el que le pegó un puñetazo a Albín, decía que no quería volver a un campo de fútbol, que estaba pasándolo fatal.
La sanción ha sido de diez partidos, la mínima que se le podía dar. Bajo mi punto de vista el Comité de Competición no ha sido duro. He aquí la explicación de los diez partidos: uno por la roja, cuatro por la agresión a Casquero, cuatro por la de Albín y otro por los insultos al árbitro. En todos los casos se aplica la sanción mínima, como ya he dicho. Creo, sinceramente, que la agresión a Casquero merecía más partidos de sanción, pero en cualquier caso me alegro de que se le haya dado un castigo ejemplarizante y que el Comité no se haya derretido por la presión de dejar sin final de temporada a un puntal del Madrid.
La sanción es justa. Pepe, por mucho que no tuviera antecedentes, actuó como un pandillero de barrio que quiere marcar su territorio, por más que se nos hable de enajenación transitoria, algo que no excusa su actitud. Cuando he leído esta mañana las declaraciones de Vicente Boluda y Juande Ramos un fino sentimiento de humor me ha sacudido isofacto. El bueno de Boluda habla de “salvajada” de sanción. ¿Salvajada? La única salvajada es la que hizo Pepe con Casquero, la única. Por su parte, Juande Ramos califica la sanción es “exagerada” y señala que la agresión de Pepe fue “involuntaria”, que su jugador se volvió “loco” y perdió “la noción del tiempo y el espacio”. Lamentable, como su presidente, Juande Ramos, que intenta excusar lo inexcusable, en vez de agachar la cabeza y aceptar que lo que hizo Pepe fue una pasada inaceptable digna de un severo castigo.
No dudo que Pepe sea una bellísima persona y todo lo que se nos ha vendido en estos dos últimos días, lo será, sin duda, como es un excepcional central, uno de los mejores del mundo por su potencia y despliegue. Es duro para el Madrid perder a su principal puntal atrás, es comprensible que Boluda y Juande Ramos estén enfadados, pero deberían dejar de hacer el ridículo con unos llantos inconcebibles. ¿Qué es lo que quieren? ¿Qué sancionen a Casquero por dar con su cuerpo en la pierna de Pepe o a Albin por impactar su cara contra el puño de su defensa? Hay castigos que son justos y el de Pepe lo es, por mucho que Juande y Boluda lloren y pidan clemencia.